viernes, 19 de mayo de 2017

Y lo besé




Y lo besé. No sé por qué. 


Bueno, sí sé. Sentía la curiosidad de hacerlo. Eramos amigos, de esos que se avientan comida, que se dan jalones de cabello y que ríen hasta brotar llanto. De esos que escuchan tus problemas y que te dan los peores consejos para solucionarlos. Eramos tan buenos amigos que los demás siempre pensaron que había algo más. Y no era así. 

Yo, una enamorada empedernida de esa idea absurda del amor. Él, un patán cualquiera de esos que ya me habían tocado una vez, de esos que aman solo el cuerpo de una mujer y no su corazón. De esos que un día me deshicieron el alma.

Hacíamos tantas cosas juntos, que nos acostumbramos a convivir tanto que la idea de que me fuera de su lado sonaba ridículamente dolorosa. Yo me iba porque eso era lo mejor para mí. Él se quedaba porque no tenía otra opción. Habíamos hecho el mejor equipo del mundo y por mi culpa todo se iba a deshacer.

Así que decidimos estar juntos por ultima vez. Convivir una ultima vez como ya estábamos acostumbrados. Salimos, bailamos, tomamos, nos divertimos. La música, el alcohol y la noche hicieron de las suyas. Terminamos acostados en pasto de aquella casa amarilla que tanto odiaba, acordándonos y riéndonos de todos esos lindos momentos que pasamos juntos. 

Sí, se volvió un cliché. Estaba tan cansada y alcoholizada que empecé a quedarme dormida. Y mientras él me acariciaba la cabeza sumergiendo sus dedos entre mi cabello, yo por dentro le rogaba a mi Dios que él me besara, sentía la necesidad de sentir sus labios entre los míos, y no porque estuviera enamorada de él, si no por curiosidad. No lo quería más allá de nuestra amistad, pero el momento era tan perfecto que solo le faltaba eso, un beso. Pero claro, era demasiado absurda la idea de que yo lo hiciera primero. No estaba dispuesta a dar el primer paso.

Está bien, si estaba dispuesta. Y lo hice, lo besé. Yo lo besé. Y me enamoré. Y sentí en ese beso que nos fundíamos en el universo. Sus labios encajaban perfectamente con los míos. Me hundía en un mar de sentimientos y emociones tan extrañas y confusas que lo único que pude hacer fue pararme e irme pidiéndole disculpas, como la ridícula mujer madura que soy. 

Y así sigo, siendo una ridícula y estando enamorada. 





No hay comentarios:

Publicar un comentario