domingo, 17 de septiembre de 2017

Sabor a miel.

Entró en mi piel, tan fácil como lo hacen los rayos de sol. Un día estaba sola, y al siguiente él estaba ahí, diciéndome lo que necesitaba escuchar. Él siempre sabe qué decir y que hacer. Quería que me atrapara y me atrapó. Necesitaba un abrazo y él me lo dio. Se ganó mi confianza. Se lo merecía.

Esos labios suyos con esa sonrisa escondida detrás de ellos, hizo que me volviera loca. Y cuando los probé, quise más y más. Me hice adicta. Él, definitivamente no es igual a los demás, es peor. Me hizo amarlo a un grado de volverme vulnerable. Cada que me besaba con esos suaves labios me hacía tocar el cielo.

Me dio luz diaria con su sonrisa tan única. Me miraba y sus ojos eran capaz de trasmitirlo todo, amor, felicidad, tristeza, enojo. Y en algún punto, también pude ver traición. Se convirtió en ese error que ya veía venir pero que ignore po necesidad. Se aburrió fácil. Pequeño detalle.

Siempre buscó retos, le gustaba arreglar cosas rotas, y yo lo era. Frágil, necesitada, rota, inocente. Todos podemos comer mentiras cuando nuestro corazón está hambriento.

Me ama, igual que amó a otras antes que a mí, y a las que estarán después de mi. Es su naturaleza. Es cazador. Te asecha, te vigila, te usa y cuando ya no le sirves, te desecha. Como a mí. Hoy. Es ahí cuando me pregunto cómo alguien como él, con esa sonrisa y esos ojos puede saber a paraíso pero ser el maldito infierno.

Alguien con sabor a miel que me causó tanto daño, casi como el cianuro. Me destrozó. No completamente, pero me dejó marcada, con intención de que lo recuerdque siempre. Me dejó vivir, me dejó existir. Pero existir nunca había sido tan malo como cuando pruebas algo hermoso, me sirve para recordar todo lo que alguna vez tuve y algo que nunca voy a poder tener.

Me causa dolor. Es un dolor que te hace estar en casa, metida n la cama, enferma por culpa de una persona y no por culpa de un virus. 

jueves, 29 de junio de 2017

Mis letras para ti


Me aconsejaron que llorara hasta secarme pero soy océano, soy agua, cariño, y si me seco, dejaré de existir.

Amablemente, me cerraste la puerta en la cara, pero me abriste una ventana mientras me susurrabas <<Escúrrete por aquí. No dejes de lloverme>>.

Y yo, obediente, acepté el contrato.

¿Qué importa que al final duela, si puedo quererte otro rato?

Porque no, no le temo al dolor, ni olvido las veces en que mis olas reventaron en tu cuerpo de piedra y tus manos se aferraron a los retazos de piel que me cubren el alma. 

No olvido que nuestros besos alguna vez unieron montañas y mar, insomnio y letargo, miedos y la carrera hacia el abismo.

Si bien ahora no sé si estamos cayendo o estamos volando, hemos saltamos. Y estoy convencida de que este cariño tan compañero, tan verdades en la cara, tan certezas en el alma, se instaló tan profundo en mí que arrancarlo sería un acto suicida. 

Por eso, aunque acabó antes de comenzar, en mí quedan ardiendo las letras que brotan para ti y yo no he de negarlas.

jueves, 15 de junio de 2017

Él no me quiere



Él no me quiere.

Quiere mis buenos ratos, mis sonrisas, mis días soleados, mis rizos largos y mis ganas de vivir.

Quiere el orden de mi vida y el desorden de mi cama, los abrazos que terminan en orgasmo y los besos que despiertan las ansias a mitad de la noche.

Quiere mis manos en las suyas, sus piernas sobre mí, mi cuerpo y su cuerpo hechos nudo y mis pies apuntando al camino que anda. Pero no quiere que caminemos juntos.

No quiere lágrimas, ni cielos nublados. No le gusta mi cabello corto, ni la pesadez que a veces me obliga a quedarme en casa.

No busca salvar tormentas, ni abrazarme cuando soy huracán.

Sólo quiere que le escriba sobre amor, pero no se aventura a amarme…

Él quería ser marino, pero estaba cómodo con su miedo a las mareas. Así que no quiso intentarlo.

Resguardó su corazón entre sus propios brazos y el mío lo dejó volando.

Y aunque lo que yo sentía por él me llenaba y me hacía florecer, no, él no me quiso.

viernes, 19 de mayo de 2017

Y lo besé




Y lo besé. No sé por qué. 


Bueno, sí sé. Sentía la curiosidad de hacerlo. Eramos amigos, de esos que se avientan comida, que se dan jalones de cabello y que ríen hasta brotar llanto. De esos que escuchan tus problemas y que te dan los peores consejos para solucionarlos. Eramos tan buenos amigos que los demás siempre pensaron que había algo más. Y no era así. 

Yo, una enamorada empedernida de esa idea absurda del amor. Él, un patán cualquiera de esos que ya me habían tocado una vez, de esos que aman solo el cuerpo de una mujer y no su corazón. De esos que un día me deshicieron el alma.

Hacíamos tantas cosas juntos, que nos acostumbramos a convivir tanto que la idea de que me fuera de su lado sonaba ridículamente dolorosa. Yo me iba porque eso era lo mejor para mí. Él se quedaba porque no tenía otra opción. Habíamos hecho el mejor equipo del mundo y por mi culpa todo se iba a deshacer.

Así que decidimos estar juntos por ultima vez. Convivir una ultima vez como ya estábamos acostumbrados. Salimos, bailamos, tomamos, nos divertimos. La música, el alcohol y la noche hicieron de las suyas. Terminamos acostados en pasto de aquella casa amarilla que tanto odiaba, acordándonos y riéndonos de todos esos lindos momentos que pasamos juntos. 

Sí, se volvió un cliché. Estaba tan cansada y alcoholizada que empecé a quedarme dormida. Y mientras él me acariciaba la cabeza sumergiendo sus dedos entre mi cabello, yo por dentro le rogaba a mi Dios que él me besara, sentía la necesidad de sentir sus labios entre los míos, y no porque estuviera enamorada de él, si no por curiosidad. No lo quería más allá de nuestra amistad, pero el momento era tan perfecto que solo le faltaba eso, un beso. Pero claro, era demasiado absurda la idea de que yo lo hiciera primero. No estaba dispuesta a dar el primer paso.

Está bien, si estaba dispuesta. Y lo hice, lo besé. Yo lo besé. Y me enamoré. Y sentí en ese beso que nos fundíamos en el universo. Sus labios encajaban perfectamente con los míos. Me hundía en un mar de sentimientos y emociones tan extrañas y confusas que lo único que pude hacer fue pararme e irme pidiéndole disculpas, como la ridícula mujer madura que soy. 

Y así sigo, siendo una ridícula y estando enamorada. 





jueves, 11 de mayo de 2017

¿Y si viniera él?

¿Y si viniera él? Ese que sacó de mí más lágrimas que sonrisas, ese que estaba más lleno de imperfecciones que virtudes, yo lo recibiría con los brazos abiertos, pues así lo conocí y así me enamoró. Si viniera con todos esos defectos que me hicieron daño, yo lo tomaría y amaría sus errores, lo perdonaría, esa es la verdad, lo volvería a amar, lo seguiría amando. 

Él se fue y me dejó sin ninguna oportunidad, erró y me lastimó. Fue él mismo quien se fue, levantando su bandera de inocencia mientras se lavaba las manos, entregándome a mí la culpabilidad, diciendo que yo era la única tonta que se había ilusionado, que había hecho las cosas mal. Fue él, fue esa clase de hombre quien me dejó de querer y que quizás jamás me quiso, pero que me tiene aquí, sin dejar de esperar, pensando. 

¿Irá a volver? ¿Habrá alguien que lo quiera ya? Él se fue porque de mi ya no necesitaba nada, él se fue y yo sigo enamorada, esperando a que vuelva, aguardando por sus palabras, esperando a que de repente recuerde cuánto yo lo amaba… 

¡Cuánta estupidez hay en un corazón que se ciega con el amor!

domingo, 30 de abril de 2017

MGH

Extrañamente, estos días te extraño; no me eres necesario, pero me falta ser contigo.

Quiero emocionarme cada escucho el motor de alguna camioneta y asomarme a ver si eres tú, y volver a sentarme resignada al darme cuenta que es alguien más. Verte llegar en ese chaleco amarillo, cansado del trabajo, abrazarte y sentir ese extraño aroma entre sudor y fierro que tanto me encantaba. Quiero que me agarres la cara con tus manos sucias y me beses los labios, suave, lento, sublime. Quiero oír tus historias de cómo pensaste que las cosas iban a salir mal, pero al final tú terminas siendo el héroe que salva la situación. 

Quiero bañarme contigo, sentir tu piel mojada pegada a la mía, Quiero mirarte a los ojos y ver cómo la luz de la ventana ilumina tus hermosos ojos verdes, y perderme en ellos y en tu mirada y en mi reflejo. Ser uno solo en dos cuerpos. Y abrazarte, y sentir los latidos de tu corazón a la altura de mi oído, y darme cuenta que eres real, que estás vivo y estás conmigo.

Quiero comer a tu lado. Quiero volver a ir a ese restaurant de sushi que tanto aborreces y escucharte salir quejándote del mar servicio y aun así, considerar regresar para probar otra cosa del menú. Quiero verte masticar grotescamente la comida, sin tener el mínimo interés en mostrar tu educación a la sociedad. Quiero regañarte porque pones los limones directamente en la mesa y no sobre una servilleta. Pedirte que no le pongas sal a la comida sin antes probarla. 

Quiero caminar contigo de la mano y burlarlnos de la gente. Marcarte a tu teléfono sin avisar para platicarte que estoy aburrida en mi trabajo y que ansío enormemente verte otra vez. Quiero sentir tu piel clara, clara como solo tú la podías tener. Terminar molesta porque ocasionaba que fueras brusco conmigo y terminaras aventándome de la cama una y otra vez. 

Quiero abrazarte en la cama, y que pongas esas películas aburridas de ciencia ficción que te encantan. Quiero que me des nieve en la boca. Recargar mi cabeza en tu pecho y sentir como tus dedos rozan lentamente mi piel y lograr que me excite en dos segundos. Que me desnudes lentamente y acaricies cada parte de mi cuerpo. Que me hagas el amor y te olvides de rencores. Que me llenes de tu amor y me des hasta el corazón en el suelo, en una silla, en la mesa o en la cama.

Quiero que vengas como alguna vez yo fui, sin prisas, sin armas, y me hables de frente y con el corazón en la mano y me digas qué es lo que en verdad quieres. Y ten por seguro que lo que tú quieras, yo lo voy a querer también.