domingo, 24 de febrero de 2013

Hoy soñé contigo.



Hoy soñé contigo




Soñé con ese momento mágico, nuestro, en el que volamos juntos, con esa sensación de tus manos recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, con tus dedos rozando lentamente mi piel.

Y entonces comencé a sentir tu respiración, agitada, impaciente, mientras la mía se unía a la tuya. Escuché a tu corazón que latía al mismo tiempo que el mío. Tus manos y las mías buscaban desesperadamente los rincones más profundos de nuestros cuerpos. 

Entonces los dos estábamos ahí, desnudos, tu pecho sobre el mío, mis labios fusionándose con tus labios, tan apasionadamente, mientras nos derretíamos en ese calor inmenso que emanaba de nuestros cuerpos. 

Seguíamos haciendo ese ritual que solo tú y yo conocíamos, y que hacíamos tan nuestro. Con la respiración cada vez más agitada, con nuestros cuerpos ardiendo, con el corazón a punto de estallar. 

Y entonces, como un estruendo, mi corazón se detuvo. Habíamos terminado. Volamos tan alto, y al final, caí, presa de tus brazos. Todo había pasado, lo noté en tu respiración. Nuestros ojos se unieron en esa mirada profunda y encantadora con la que me sueles ver. 

Recorrí tu cuerpo, tu cuerpo perfecto, tu pecho marcado que me hiponotiza, Regresé mi vista a tus ojos, y al verlos, sintiéndome en tus brazos, supe que lo nuestro no era solo pasión. No solo eramos dos cuerpos desnudos, eramos algo más. 

Algo más que miradas, algo más que caricias, algo más que unos simples besos. Algo más que un 'te amo'. Lo nuestro fue como saborear un chocolate, como escuchar y cantar una buena canción, como tocar el violín. 

Lo nuestro fue eterno. Fue un sueño del que no hubiera querido despertar jamás. 


sábado, 23 de febrero de 2013

Y con lo mucho que me encantan las flores.






Lo volví a sentir tan mío, estábamos a unos pocos centímetros el uno del otro. Un beso; solo uno bastó para darme cuenta que yo no me quería ir de su lado. No importaba cuanto habíamos pasado separados, todas esas lágrimas que derramé en su nombre; todo eso ya había quedado atrás. 

Mi corazón se aceleró cuando sus manos me empezaron a reconocer. Sentía como si el tiempo se hubiera detenido. Nos recostamos. Me puse a recordar todas las locuras que alguna vez hicimos en nombre del amor. No había sábanas, ni un colchón, solo nosotros dos. 

-Duerme tranquilo, mi amor, te juro que esta vez nadie nos va a interrumpir. Este encuentro es solo de dos. 

Me estremecí, empecé a sudar, definitivamente estaba nerviosa, me puse a tartamudear cosas sin sentido. Yo sabía que en algún momento él se tenía que marchar. Tenía que aprovechar. El calor se hizo notar, la habitación de vapor se empezó a llenar. Empecé a escuchar esos sonidos que tanto me excitan de él. Los espejos llenos de sudor, pude ver en su mirada tanta felicidad, pero a pesar de todo, él me odiaba. 

Sentía que terminaría matándome  ahí, en ese lugar, ese maldito lugar donde todo comenzó, donde empezamos a escondernos, donde puse como pretexto el sexo para seguir viéndote, en esas cuatro estúpidas paredes color amarillo que juntos pintamos. Todo el tiempo me pregunto a dónde fue a terminar todo esto. 

Entre lágrimas y besos salados, volvió a susurrar mi nombre, volvió a decirme "mi amor". Sentía como poco a poco lo perdía. Él recordaba todo con su nefasto humor, en cambio yo solo podía acordarme de todo con tristeza. 

Fueron varias horas de plática, reclamo tras reclamo, de todos y cada uno de los errores que habíamos cometido, hasta que llegó el momento en que la ropa no tenía lugar en nuestra conversación. 

Extrañaba tanto su cuerpo sobre el mío, y aunque no viera los gestos que él hacía, podía imaginármelo. Sus besos en mi cuello, el roce que se siente al penetrar, ese dulce dolor de muelas.

Pero yo solo lo veía dormir, pensando que tal vez él soñaba lo mismo que yo estaba soñado. En mi cabeza lo desnudé de toda prenda, pero jamás alcanzarían a imaginar lo que en él encontré: tenía un jardín de flores en todo su cuerpo. Y con lo mucho que me encantan las flores. 

lunes, 4 de febrero de 2013

Y un poco más.




Sí, te quería.




Te quería, exactamente así, como eres.

Te quería con esa facilidad que tienes para destruir las cosas.

Con las virtudes que te agobian y que no sabes aceptar.

Realmente te quería. Te quería, te amaba y te deseaba.

Lleno de miedos y defectos, te quería.

También a esa mirada que podía destrozar mi corazón.

Te quería tanto y un poco más.

Aunque no me soportes y nunca me hayas querido.

A pesar de que preferiste hacer tu vida sin mí.

Así te quería que perdoné todo lo que me hiciste.

Y todo lo que no.