Lo volví a sentir tan mío, estábamos a unos pocos centímetros el uno del otro. Un beso; solo uno bastó para darme cuenta que yo no me quería ir de su lado. No importaba cuanto habíamos pasado separados, todas esas lágrimas que derramé en su nombre; todo eso ya había quedado atrás.
Mi corazón se aceleró cuando sus manos me empezaron a reconocer. Sentía como si el tiempo se hubiera detenido. Nos recostamos. Me puse a recordar todas las locuras que alguna vez hicimos en nombre del amor. No había sábanas, ni un colchón, solo nosotros dos.
-Duerme tranquilo, mi amor, te juro que esta vez nadie nos va a interrumpir. Este encuentro es solo de dos.
Me estremecí, empecé a sudar, definitivamente estaba nerviosa, me puse a tartamudear cosas sin sentido. Yo sabía que en algún momento él se tenía que marchar. Tenía que aprovechar. El calor se hizo notar, la habitación de vapor se empezó a llenar. Empecé a escuchar esos sonidos que tanto me excitan de él. Los espejos llenos de sudor, pude ver en su mirada tanta felicidad, pero a pesar de todo, él me odiaba.
Sentía que terminaría matándome ahí, en ese lugar, ese maldito lugar donde todo comenzó, donde empezamos a escondernos, donde puse como pretexto el sexo para seguir viéndote, en esas cuatro estúpidas paredes color amarillo que juntos pintamos. Todo el tiempo me pregunto a dónde fue a terminar todo esto.
Entre lágrimas y besos salados, volvió a susurrar mi nombre, volvió a decirme "mi amor". Sentía como poco a poco lo perdía. Él recordaba todo con su nefasto humor, en cambio yo solo podía acordarme de todo con tristeza.
Fueron varias horas de plática, reclamo tras reclamo, de todos y cada uno de los errores que habíamos cometido, hasta que llegó el momento en que la ropa no tenía lugar en nuestra conversación.
Extrañaba tanto su cuerpo sobre el mío, y aunque no viera los gestos que él hacía, podía imaginármelo. Sus besos en mi cuello, el roce que se siente al penetrar, ese dulce dolor de muelas.
Pero yo solo lo veía dormir, pensando que tal vez él soñaba lo mismo que yo estaba soñado. En mi cabeza lo desnudé de toda prenda, pero jamás alcanzarían a imaginar lo que en él encontré: tenía un jardín de flores en todo su cuerpo. Y con lo mucho que me encantan las flores.

No hay comentarios:
Publicar un comentario